Una Antítesis

Recuerdo que dijo una broma estúpida y su existencia me resultó irrelevante. Incluso al segundo y tercer día. Incluso después de una semana. Totalmente Intrascendente.
Pensé que su estancia sería pasajera y difícil de recordar, así cuando alguien me intentara recordar su nombre, yo preguntaría, con total confusión ¿quién? Pero no fue así. Fue todo lo contrario, de hecho me fue mucho peor.

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Entró en mi rutina como si yo le hubiese pedido que lo hiciera. Como si hubiera descubierto que necesitaba de ella. Como si hubiera sabido que por dentro estaba desesperado por su rostro, por su mirada, por sus gestos. De hecho, ni yo lo sabía. No sabía que vivía callando mi ahogo. No lo sabía. Hasta que después del segundo y tercer día y después de una semana, lo descubrí. Me descubrí, que yacía ahí.

Digo que descubrí el agobio que llevaba dentro y digo que me descubrí observándola, admirándola, deseándola… y la descubrí provocándome de la manera más perfecta. Intentando parecer ingenua, la muy descarada. Sin gestos, ni contoneos al estilo de las musas que ya conocemos, sin utilizar los recursos pomposos. Me provocaba de frente. Sarcástica y mordaz. Me envolvía en sus deseos y yo me quedaba endeble, atónito, intentando responder rápido para parecer gracioso e inteligente. Y cuando lo hacía, ella se sonrojaba. ¿Por qué lo hacía? ¡Maldita! ¿Quién autoriza a una persona a comportarse de esa manera? No puedes aventarte sobre un hombre así y después, sonrojarte. Ahí, estúpidamente me sentía culpable. ¿Acaso me pasé? ¿Soy un acosador? Dudaba. Una niña me hacía dudar. También me hacía sudar y también me hacía temblar. Estaba atrapado. Era un juego ridículo. Me sentía como una rata chocando contra todas las paredes en un laberinto de laboratorio. Y ella riendo, exitosa.

Siempre imaginé que a mi edad, me fijaría en una mujer exquisitamente femenina, que con su ropa llena de pliegues y flores y encajes, me sonreiría dulcemente cada vez que yo le lanzara un cumplido. Y que lo haría por simple diversión. O todo lo contrario. Quizás me fijaría en una mujer con tacones de 15 centímetros, faldas sugerentes y labial rojo. Que se contoneara con su escote en V y me guiñara el ojo cada vez que yo le lanzara un cumplido. Y que también lo haría por simple diversión. Pero no. De pronto me encuentro con la antítesis con nombre de mujer. Una mujer en el limbo de la edad que evoca rasgos de inmadurez y pretensiones de decisión. Una niña para mí. Una niña con ínfulas ocultas. Nunca imaginé que a mi edad, me fijaría en ella. Ella, sin ropa de encajes, ni flores, ni pliegues, ni dulzura, ni tacones, ni faldas sugerentes, ni el labial rojo. Ella, en cambio, así con un maquillaje descuidado, peinada a la ligera, sin curvas sugerentes, ni contoneo femenino. Para nada. Jeans, malas palabras y sin signo alguno de interés por el mundo. Sólo así ella.

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No estoy hablando de amor. Ese sentimiento es limitado, es surreal, es invisible, es utópico. No. Yo estoy hablando de pasión, de deseo, de ímpetu. ¡Esos sí que son sentimientos tangibles! Reales. Con sabor, olor, textura, sonido e imagen. De eso estoy hablando. Tú lo conoces. Se introduce en el cuerpo, en el cerebro, en los sueños y yo ahí, endeble. Indefenso. Inútil. Impotente. Creo que lo sabe. Creo que puede sentir mi arrebato interno, aunque procuro disimular. Ella lo huele.

Y se sonroja. ¡Maldita!

Cualquiera la ve y dirá “¡Estás loco! No es para tanto”. Eso dirán cuando la vean por primera vez. Sí, no sé qué tiene que no te impacta de primera. Pero esperen. Es cuestión de detenerse un momento. Tal vez poner atención después del tercer día, o incluso, de una semana. Y ahí estarán: endebles. Y ella: sonrojándose.

Esa mujer rompió mi calma. ¿Amarla? Nunca. así que volvió a embarcarse en su navío, levantó anclas, esperó un gran viento.

Neil Hilborn y su Poema TOC

Neil Hilborn es un estadounidense que vive en Minnesota. En 2011 se graduó con honores de Macalester College y desde entonces ha estado muy metido en el mundo de la poesía y la escritura, siendo parte de varios equipos que entran a concursos sobre poesía. Sufre de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), que es un tipo de trastorno de ansiedad. Las personas que tienen TOC se sienten continuamente obligadas a repetir tanto las acciones como las palabras.

Esta es una condición seria debido a que controlan la vida. Hay muchas variantes de este trastorno, si algunos son muy evidentes y otros que viven sólo en las mentes de aquellos que la tienen. Los forza, por ejemplo, a lavarse las manos repetidamente, o inclusive hace que vean –pero realmente vean– gérmenes en su piel todo el tiempo; hay casos en donde inclusive si ven que las cosas no están hechas o dichas de manera “perfecta” sienten que algo malo puede pasarles. Tienen la costumbre de realizar acciones compulsivamente.

Obviamente, esto va a cambiar significativamente la forma en que viven su vida cotidiana, y cómo se relacionan con otras personas, ya que muy pocas personas saben cómo tratar y llegar a sentirse culpable por no ser capaz de controlar su la ansiedad, el miedo, el miedo, la ansiedad y conductas repetitivas. Es un trastorno que se puede controlar, sin embargo, no puede ser eliminado y, ciertamente, la parte más afectada de la TOC es la esfera de las relaciones personales.

Neil escribió y recitó un poema en un concurso hace unos meses, donde habla de cómo se sentía al caer en el amor y lo que ahora sucede que se ha ido. Personalmente, puedo decir es los poemas más bellos que he escuchado en mi vida y quiero compartirlo.

La primera vez que la vi…
Todo en mi cabeza se silenció
Todos los ticks, las imágenes constantes desaparecieron.
Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.
Inclusive en la cama estoy pensando:
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de la horquilla de sus labios.
O la pestaña en su mejilla–
La pestaña en su mejilla–
La pestaña en su mejilla.
Sabía que debía hablar con ella
La invité a salir seis veces en treinta segundos.
Ella dijo que sí después de la tercera,
pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien así que tenía que seguir haciéndolo.
En nuestra primera cita,
pasé más tiempo organizando mi comida por colores de lo que pasé comiéndola o hablando con ella.
Pero le encantó.
Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme 16 veces, o 24 si era miércoles.
Le encantaba que me tomaba todo el tiempo caminar hacia casa porque había muchas grietas en la banqueta.
Cuando nos mudamos juntos ella dijo que se sentía segura,
como si nadie nos fuera a robar porque definitivamente había cerrado la puerta 18 veces,
Yo siempre veía su boca cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba;
Cuando me dijo que me amaba, su boca se curveaba hacia arriba en los bordes.
En la noche ella se acostaba en la cama y me veía apagar todas las luces, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas.
Ella cerraba los ojos y se imaginaba que los días y las noches pasaban frente a ella.
Algunas mañanas empezaba a besarla para despedirme y ella sólo se iba porque estaba haciéndola llegar tarde al trabajo.
Cuando me detenía en las grietas de la banqueta ella seguía caminando.
Cuando me decía que me amaba su boca era una línea recta.
Me dijo que estaba tomando mucho de su tiempo.
La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.
Me dijo que nunca debió dejarme apegarme tanto a ella; que todo esto fue un error,
pero… ¡¿Cómo podría ser un error que no tenga que lavarme las manos después de tocarla?!
El amor no es un error y me está matando que ella pueda salirse de esto y yo no.
No puedo–
No puedo salir y encontrar a alguien nuevo porque siempre pienso en ella.
Usualmente, cuando me obsesiono con algo, veo gérmenes escabulléndose en mi piel.
Me veo a mí mismo siendo atropellado por una infinita línea de coches.
Y ella fue la primera cosa hermosa en la que alguna vez me he estancado.
Quiero despertar todas las mañanas pensando en la manera en la que agarra el volante.
Cómo mueve las manijas de la regadera como si estuviera abriendo una caja fuerte.
En cómo sopla las velas-
cómo sopla las velas–
cómo sopla las velas–
cómo sopla las velas–
cómo sopla…
Ahora sólo pienso en quién más está besándola.
No puedo respirar porque él sólo la besa una vez­– ¡No le importa si es perfecto!
La quiero de regreso tanto que…
Dejo la puerta sin cerrar.
Dejo las luces prendidas.

 

Enamórate de una mujer de verdad

No puedo pedirte que te enamores de una mujer que lee, porque ya alguien lo hizo por mí.

Sin embargo, puedo pedirte que te enamores de una mujer de verdad. Enamórate de una mujer que busque “figuritas” en las nubes. Enamórate de una mujer que sea lo suficientemente valiente para decir que tiene miedo pero que siempre ejecute a pesar de él. Enamórate de una mujer que no mate hormiguitas sólo porque puede, enamórate de la que agarra la hormiguita en la uña y la devuelve a su filita. Eso significa que es buena y capaz de apiadarse de los que no tienen las mismas herramientas que ella….

Así comienza este texto que comparte @ninarancel  desde el blog CanalCultura.org

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en los comentarios, se muestra claramente una cierta frustración. léase con cuidado

Cultivar un espíritu ganador @ Joe Montana by WOBI

Cuando la gente escucha el nombre Joe Montana usualmente lo asocia con sus galardones en el campo de juego: considerado uno de los mejores quarterback en la historia del fútbol americano, ayudó a los 49ers a ganar cuatro Super Bowl, y es el único atleta en ser nombrado tres veces Super Bowl MVP.

De perfil bajo y reservado, casi feliz de haber envejecido y ya no ser tan reconocido en la calle como la estrella del fútbol americano, Montana se ha mantenido ocupado desde que se retiró en 1995. Ha estado involucrado en varias firmas de inversión, además de dedicar su tiempo y energía a varias organizaciones caritativas tales como la fundación Make-A-Wish, Boys & Girls Club of Richmond, y Charm Foundation. Con años de experiencia dentro y fuera del campo de juego, este jueves 15 de noviembre dará cierre al World Business Forum México 2012

Una elaborada y reveladora contribución a la NFL es la que ha hecho con su libro junto al coach Tom Mitchell: The Winning Spirit: 16 Timeless Principles that Drive Performance Excellence. Una reflexión sobre las lecciones que aprendió a través de los deportes, las extiende a todas las áreas de la vida donde esperamos obtener éxito. A continuación, descubre los primeros cinco principios de Montana para la excelencia en el desempeño.

Principio #1: conoce lo que quieres

“Se ha dicho que la claridad es poder. Eso es cierto, pero la claridad puesta en acción es el máximo poder”, dice Montana. Aunque suena un tanto simple, identificar tus metas, sueños y deseos no siempre es fácil. La elección es tuya; el foco, la energía y la práctica vienen después.

Principio #2: ama lo que haces

Cuando te apasiona lo que haces se trata cada vez menos acerca de los puntos, el dinero o las recompensas, y más acerca del trayecto para llegar allí.

Principio #3: practica con un propósito

Cualquiera que haya jugado algún deporte sabe que los ejercicios realizados en la práctica están destinados a preparar a los miembros del equipo para el gran juego. Lo mismo para todo lo demás que hagamos—¿estás desarrollando los hábitos correctos para mejorar tus cualidades?

Principio #4: lucha por la excelencia  

La excelencia y la perfección son metas elevadas, pero trabaja por ellas y automáticamente superarás las expectativas de todos. Alcanzar este tipo de alto desempeño requiere de metas, trabajo duro, y una estrategia para llegar.

Principio #5: encuentra la confianza

Montana nunca hubiera sido capaz de ganar tantos juegos, hacer tantos pases, si no hubiera tenido la confianza de su lado. La confianza viene con la práctica y el trabajo duro, y es contagiosa—cuanto más confiamos en nosotros mismos, más grande se hace nuestra habilidad para inspirar a otros.