Jodido cuento de amor o cuento de amor jodido.

Esto es lo que resultó de una huída hacia mis amigos, buscando escapar de este torbellino que azotó en la Gran Ciudad. por cierto, demoré 2 horas en llegar a mi casa estando, a unas cuantas calles. Gracias dichosa lluvia.

Estas historias de amores consumados, que no te cuentan, que las ves con tus propios ojos. que sientes envidia de la buena, que te animan a querer querer, utópicamente, las mismas cosas para uno mismo. Me da gusto por mis amigos. Ellos lo saben.

Y platicando sobre ese tipos de cosas que se topan contigo, y tú no las buscas. que si las buscas no saben igual por que se llegan a  idealizar, y verificar que no era tan bueno, por no abrir tus horizontes o que si nos las buscas te gustan más.

Todavía contando anécdotas, de la guerra pasada, pido un mojito para ver si se conecta la fiesta o empieza la tolerancia a los alimentos, se acerca el camarero con un aire a un chavo de preparatoria en su primer día de clases en escuela nueva; totalmente en otro planeta. Tomo asiento dándole la espalda a la gente que pasaba, estaba muy ‘dizzy’ como para ver gente pasar, santo bullicio.

Despues de 30 horas, traen mi bebida, que ya para ese momento estaba más seco que una bola de pasto en el desierto. Me molesta cuando eso sucede. Traen mi platillo a la temperatura ideal para hervir una langosta sin ningún problema, de tomarlo tener quemaduras en la traquea de 5to grado o poner fin a tu ulcera, porque desbarataría tu estómago.

En lo que soplaba al platillo, en una especie de desesperación, entre el hambre y la levedad de no pensar, clavo la vista hacia el otro lado del restaurante. y de repente…

El mundo se detiene en seco, y con él, el ruido, las conversaciones y el viento.

Porque estás ahí de pie, mirando un aparador y es como si el tiempo no hubiera pasado, o como si hubiera pasado y te hubieses estado arreglando desde aquel último día que te vi, porque estás groseramente guapa. Ridículamente guapa. “Pongan-aquí-el-adverbio-que-quieran” guapa.

Vuelvo a soplar a mi plato, sin apartar la mirada de ti, y me siento como uno de esos policías de las películas gringas en Guantánamo, observándote a través del cristal por el que puedes mirar y oír al sospechoso a punto de ser interrogado, mientras estudio tu lenguaje corporal y tu forma de menear la cabeza para observar detenidamente tus próximas compras.

Y empieza el interrogatorio.

Me pregunto con quién beberás las copas ahora hasta las ‘tantas horas para chismear’ y si sigues defendiendo que DINOSAURIO es una opción perfectamente correcta como animal cuando juegas al Basta. y si seguirás siendo la mejor para escoger regalos.

Me pregunto si seguirás oliendo a esa crema con olor a fresa, a las cuales eres alérgica, si continúas diciendo que has perdido el celular/llaves/cartera de cada lugar del que sales, si sigues siendo tan nefasta jugando al turista mundial y si sabes que por fin me leí el puto libro de Un diario de una pasión y que tampoco me gustó tanto porque cada página me recordaba a ti, y haré una reseña pronto. Me pregunto si, subes todavía a aquel tragaluz al que te daba miedo subir pero desde el que se veía todo lo que había que ver por la noche. Y tú me preguntabas por las estrellas y yo me inventaba los nombres, las historias y el origen de cada una solo para impresionarte. Siempre fui un farsante con gracia. Pero eso ya lo sabes.

Y me pregunto si te sigue poseyendo el espíritu sanguinario y conquistador de Gengis Kan cada vez que vas a comprar cosas para navidad. Me pregunto si te sigue gustando ese horrible frappé Oreo, Hugh Grant, las películas de los 1800’s y las canciones melosas en español. Me pregunto si sigues sosteniendo que el Pastel de chocolate bañado con choclate y un chocolate caliente es una ruta rápida a volverse una persona dulce y comprar en Gupers una excentricidad. Me pregunto si te seguirá extrañando que me guste Avril Lavigne. Me pregunto si alguna vez supiste lo que me encantaba que cenáramos sandwichs de queso y lo bien que te quedaban los hotcakes. Y si tu epoca dorada favorita sigue siendo los 20’s y 40’s.

Me pregunto si sabes que a veces te confundo por la calle con otras personas y se me incendia algo en el pecho. Me pregunto si sabes que, de vez en cuando te imagino saliendo de un bar, con tu vodka, tan verde como tus ojos, como aquel vestido, como las piezas de ajedrez que siempre elegías y como el anillo que llevabas y que ahora llevas otro, por lo que veo ahora con mis ojos, que no son verdes ni falta que les hace porque con los tuyos nos vale, nos basta y nos sobra.

Me pregunto si sigues llorando con los bodrios de comedia romántica y si te imaginas que cada puta vez que oigo una canción de Camila me acuerdo de ti. Me pregunto si alguna vez has pensado que cuando te conocí no existía Youtube ni redes sociales,  si te seguirá desesperando que no sepa jugar a las damas chinas, si tus pestañas siguen pareciendo cartas de un mago y si alguna vez volverás a pedirme que te cuente  historias.


Me pregunto si te acuerdas de cómo me indignaba cuando decías que la constelación de Orión era simplemente Hércules, y que la osa menor era un sartén chiquito que solo la necesitabas para buscar tu estrella y que unicamente te gustara la música que solo tú encontrabas. Me pregunto si sabes que estoy convencido de que ves esos documentales de máquinas industriales, todavía para dormirte. Me pregunto si llegaste a hacerme caso y viste alguna de mis películas de intelectual. Y me pregunto si sabes que hace no mucho me tragué las 4 000 temporadas de Smallville solo porque tú la veías. Y si sabes que no me gustó nada pero sigo prefiriendo a Lois sobre Lana.

Me pregunto si seguirás pintando las cosas te dan miedo en tus sueños, para así superarlos y no volverlos a soñar. Me pregunto si tocarás todavía el piano para sacar tu furia y si sabes que tanta risa me daba que me callaran cuando usaba el metrónomo. Me preguntó si todavía tienes esperanza en los ángeles y si sigues odiando la película Constantine, porque hay ángeles malos. Y me pregunto si sabes que fui a ver Cavalia y voy ocasionalmente al Hipódromo, solo porque a ti te gustan los caballos y yo los odio.

Me pregunto si te acuerdas de cuanto detestaba los tatuajes, hasta que me callaste la boca y estoy pensando en uno. Me pregunto si sigues apostando a jugar con los personajes de video juegos más feos y hacerlos tus hijos porque te dan pena. Me pregunto si sabes que ahora me encantan los toros y que me acuerdo de ti cuando voy a la Plaza México.

Me pregunto si sigues tan de salir o si eres más de quedarte en casa. Me pregunto si sabes que todas las canciones hablan de ti (menos las de reggaeton). Me pregunto si sigues presumiendo de ganar a cualquiera a un pulso chino. Me pregunto si coincidiré contigo en una boda, bautizo o lo que sea y si me pondré nervioso al saludarte o si me dará lo mismo. Me pregunto si sabes que las dos opciones me angustian por igual.

Me pregunto si sabes que no hay nostalgia peor que añorar aquello que nunca jamás sucedió.

Me pregunto si sabes que te estoy viendo.

Me pregunto si sabes que no te voy a saludar y que me voy a quedar aquí sentado, viendo cómo te tocas el pelo, mucho más largo que como lo llevabas, esa semana que, vivimos peligrosamente juntos.

Me pregunto si sabes que la vida son dos cafés. Y tengo tantas anécdotas que pensaré en escribir un libro.

Y me pregunto si sabes que eres mi jodido cuento de amor. O mi cuento de amor jodido.

Nos bebemos en los bares, querida.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s